viernes, 21 de enero de 2022

Primeras impresiones Invierno 2022: Kenja no Deshi o Nanoru Kenja (Studio A- Cat)


Tres cosas sobre este anime: 1.El intro de la serie me hizo recordar cuando ponía el CD de Age of Empires, arrancaba la historia del videojuego y no sabía cómo saltármela; 2. Me gustó la autoconciencia de los jugadores sobre el mundo virtual y los chistes internos (me hiciste pagar la entrada del cine); 3. Los últimos cinco minutos me hacen pensar que les sobró tiempo y no sabían que poner.

A ver, nadie me puede negar que Kenja no Deshi o Nanoru Kenja sea una hija más de toda la avalancha isekai de los últimos años (además que el diseño de algunos personajes recuerdan a Re:Zero, la maguita incluida).

Y aunque tiene los típicos clichés de los videojuegos de fantasía medieval, creo que su lado más noble es el humor que la acción. Lo siento pero la animación de la pelea entre el mago viejo y los duendes verdes es un asco. Al parecer los del estudio gato A no andan con mucho presupuesto.

A su favor, no estamos ante el típico isekai donde el personaje X se manda mudar a otro mundo*. Aquí más bien, los personajes del videojuego tienen una especie de vida metareferencial con el propio videojuego y los jugadores detrás de la pc. Solo al inicio vemos como se loguean.

Así que si estamos ante un isekai de pseudoparodia/comedia, creo que puede resultar entretenido de ver o entretenido para quienes lo vean. Además que más de un otaku preferirá a una loli maga que su versión decrépita. Compararla con Bastard sería un insulto (aunque las OVAS tampoco son de mi entero gusto), pero, supongo, el chiste es jugar con la sexualidad de la maguita kawai para que se transforme en el mago viejo.

¿El rey pagará pato?

Primeras impresiones: ¿Si la maguita no usa ropa interior, el mago viejo tampoco lo hacía?

* Nunca leo las sinopsis ni busco información de la serie antes de escribir reseñar o primeras impresiones. Mal hecho, porque no va de lo que pensé que iba. Igual lo dejo ahí.

jueves, 20 de enero de 2022

Primeras impresiones Invierno 2022: Sabikui Bisco (Studio OZ)


Si este anime lo hubiera visto hace diez años, seguro me daría otros ánimos y hasta me emocionaría escribir sobre él. Pero diez años después, la verdad es que me da lo mismo. No es el anime, soy yo.

O quizás si sea el anime y otros (los de mi generación) tampoco encuentren la “magia” de esta serie para convertirla en su nuevo “anime de temporada” y crear cientos de memes en las redes sociales. 

Ahí vamos, otra vez, con la intro catastrófica que se levanta media ciudad. ¿Impresionante? Umhh…

Al principio no sabemos qué está pasando. Pues la buena noticia es que al final, tampoco entendí que está pasando.

Hay unos “contaminados” que aquí tienen la chapa de “oxidación”. Eso y muchos hongos por culpa de un terrorista. Por ahí rescataría el humor de doble sentido, especialmente el de la vieja que habla con ella misma. Aunque parece sacado de un sketch del Risas y Salsa de los noventa. 

La animación tampoco es cosa del otro mundo. Dorohedoro era más pulp en ese sentido y mucho más gore, de paso.

Lo cierto es que tenemos esos elementos tan típicos del shonen. 

Pasemos lista.

¿Prota bishonnen? Presente!

¿Prota misterioso? Presente!

¿Prota más misterioso y que va tras el otro prota misterioso? Presente!

¿La ciudad misteriosa? Presente! 

¿Fanservice?... ¡¿Fanservice?! ↓


Primera impresión: un par de hongos.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Serie de tv: Ichi rittoru no namida (2005)


Basada en una (triste) historia de la vida real, 1 litro de lágrimas fue una serie adaptación de las publicaciones de la vida de Aya Kito quien tuvo la mala suerte de que una enfermedad degenerativa “la escogiera”. 

El legado de Aya Kito durante todo el periodo que padeció la enfermedad se convirtió en un éxito de ventas hasta que llegaron las versiones a la pantalla grande y chica. La serie, de 11 capítulos, es una adaptación en buena parte realista porque nos hace empatizar el drama vivido de Aya Kito a través de la recreación televisiva de la vida de Aya Ikeuchi. 

Si bien el fondo es realista, la forma es ficción dramática. La historia no se recrea en el solo drama fatalista sino que empuja una serie de aristas de la vida de una chica adolescente, quizás idealizada (ya cuando menciona que quiere donar su cuerpo en pos de la ciencia como que es un poco to match), pero acorde a un solo sentimiento: la empatía.

Ichi rittoru no namida o 1 litro de lágrimas comienza por el final. Sabemos cómo va a terminar Aya Ikeuchi desde la primera vez que se cae (y como duele cuando se cae). Y que su destino es sufrir y morir joven. Lo importante en la serie es acompañarla. Ver todo a su alrededor. La ilusión del colegio. El primer amor. La convivencia familiar (mención aparte el papá caricaturesco, merece su propia comedia). Y un etc., de cosas tan negativas como las miradas incomodas al caminar con dificultad o subir al bus, o ejemplificadoras como el rol de la sociedad para aquellas personas que lo necesitan (¿Por qué no somos un poquito como Japón?). 

Hay parte de Aya Kito en Aya Ikeuchi, pero va, televisivamente, más allá y nos conmueve o chantajea con el lazo amoroso. La trascendencia de su testimonio en otras personas que sufren y van a venerarla. Y un mensaje de renacimiento en un lugar donde no derramará más lágrimas.

Siendo televisión japonesa de la época, el viaje ha sido toda una experiencia. En momentos pensaba estar viendo un shoujo. Y es que el comportamiento es casi exacto al de los animes de romance (los clubes escolares son reales). Obviamente, la adaptación pensó que sin una trama romántica no podía funcionar. Y no se equivocó. Si bien el drama es lo esencial, los mejores momentos de la serie lo componen la pareja Aya- Asou. Desde el momento en que se conocen, la lluvia y el viaje en bicicleta, la tarea de darle una motivación de vida a Asou, la confesión y las despedidas con chilladera. 

Un caso parecido es el vínculo con el médico que la trata. Un retrato que no tendría que ser así, ya que los médicos no tienen por qué vincularse con sus pacientes, pero que la televisión siempre ha sabido vender muy bien. La difícil decisión de los hombres de bata blanca por decir la verdad por más dolorosa que sea o la impotencia por no encontrar curas para enfermedades terminales que terminan frustrándolos. Otro satélite que giró muy bien en la adaptación televisiva.

Si el viaje fuera sólo el núcleo central (la enfermedad) o familiar (lo menos trabajado de la adaptación salvo el tema de la hermana que emprende su propio viaje de madurez), quizás no sería tan interesante. Y mucho menos televisivo. La televisión vende fantasía, incluso en ideas basadas en la vida real tan tristes. Pero pocas veces conviven tan bien. Y lo mejor es la imagen que deja la serie sobre Aya Ikeuchi. La transición del partido de básquet donde anota en el descuento cuando el cronómetro marca cero es también el “descuento” de su vida marcado por el interruptor rojo. Solo en esa secuencia ya vivimos la etapa final en la vida de la protagonista (la peor, sin duda). Una elipsis de tiempo (cinco años) que nos ahorran llorar más de un litro de lágrimas. Y que nos deja la sensación de paz, previa a esa última imagen donde ríe y llora a la vez cuando duerme. Y es que eso fue su vida, tanto para la Aya real como para la Aya de la televisión. Y si ya queremos extrapolar esto como un mensaje, podríamos decir que el resumen de la vida de cualquier ser humanos siempre es ese: reír y llorar, pero no importa; lo importante es esforzarse y no quedarse trunco en el pasado ni pensar en el futuro. ¡Vive el presente!

Finalmente, en un Japón tan dado a creer en las reencarnaciones, Aya Ikeuchi se encuentra vestida de escolar y jugando básquet mientras Asou la ve. Fanservice aparte, Ikeuchi sonríe y nos dice ¡Vivid! 

Y es que Aya Kito, a la que conocemos por fragmentos de su diario y fotografías, vivió a través de Aya Ikeuchi, la chica torpe que se caía sin saber por qué. 

Pregunta: ¿Esto tiene manga? Por supuesto que sí.